TRATADO DE FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA SOCIAL

TEMA 8  EDUCACIÓN Y CULTURA.

8.1 Derecho a la educación.

8.1.1 Educación es la transmisión generacional de los conocimientos de rango científico y social para el desarrollo de la personalidad, y de las formas de costumbre establecidas para facilitar las relaciones de convivencia en la comunidad.

8.1.2 El fundamento ético de la educación está en el respeto debido al ser humano, de modo que los modos de actuación en la relación interpersonal no hieran la sensibilidad de los concurrentes.

8.1.3 La educación debe constituir el substrato de toda relación social porque supone la primera aproximación a la justicia.

8.1.4 La norma próxima de educación es intuitiva en el hombre y consiste en tratar a la otra parte con la misma particularidad con que uno mismo gusta de ser tratado.

8.1.5 Como en la sociedad se crean hábitos culturales que determinan gustos arraigados de urbanidad, éstos deben ser enseñados a las siguientes generaciones para facilitar las relaciones. En esta enseñanza se implica especialmente el grupo familiar.

8.1.6 Los conocimientos derivados de la penetración intelectual en la naturaleza se han venido a denominar científicos. La transmisión generacional de los mismos constituye el patrimonio social por excelencia y al que toda persona como sujeto de la humanidad tiene derecho a acceder. Una parte primordial de la educación consiste en la enseñanza sistematizada de todo ese elenco científico.

8.1.7 Además de la ciencia y sus aplicaciones técnicas la educación atiende al desarrollo de la creatividad artística del hombre mediante los modelos creativos de nuestros antecesores que conforman el patrimonio humanístico.

8.1.8 El derecho a participar en el conocimiento colectivo de la humanidad genera el derecho a la educación. Dado que la enseñanza exige una especialización educativa es por lo que, en el reparto de la asignación de tareas en el grupo social, se han constituido los profesores. Ello origina el que la educación , en esta faceta de conocimiento intelectual, haya sido constituida con rango de responsabilidad colectiva para atender este derecho social.

8.1.9 La diferencia de capacidad y personalidad de los individuos es lo que origina el que en cada cual se sustancie en mayor o menor medida el influjo educativo igualmente trasmitido dentro de un grupo social. Aunque en el derecho a saber se igualan todos los ciudadanos, en el rendimiento de los conocimientos adquiridos que facilitarán el desarrollo laboral la aplicación es muy distinta. Por eso se predica de justicia la igualdad de oportunidades para aprender.

8.1.10 La educación constituye el elemento básico de desarrollo de una comunidad, porque siendo la creatividad humana el motor de cualquier progreso se estará en plena dependencia del conocimiento adquirido como contenido material elaborado sobre el que proyectar la capacidad creativa.

8.1.11 La diferencia esencial de desarrollo entre los  distintos pueblos estriba más en su educación que en su accesibilidad a los recursos naturales. Desde esta perspectiva, la implicación de toda la humanidad en potenciar la educación debería constituirse como una de las necesidades prioritarias a atender.

8.1.12  El derecho en sí a la educación es uno de los contenidos esenciales que debe contener la enseñanza cuando aborda la comunicación de las relaciones del individuo con la comunidad. Esto se entiende tanto para la comunidad familiar, en la que se crean deberes en los mayores respecto a la educación de la prole, como en las estructuras superiores en las que sobre la corporación adecuada recae la obligación de la enseñanza de las personas hasta su capacitación suficiente para actuar responsablemente en el entramado  social.

8.1.13  El derecho a la educación, como derecho fundamental de la persona, es de ámbito universal, por lo que debe ejercerse en toda situación. De algún modo también esta responsabilidad de que la educación llegue a todos los seres humanos implica a toda la sociedad, quien a través de los organismos internacionales adecuados debe propiciar el que sea una realidad en todo el mundo. Para ello es preciso secundar planes de promoción y ayuda para los pueblos menos sensibilizados con este bien social de primera necesidad.

8.1.14  Este derecho debe ser especialmente cuidado cuando por circunstancias de desplazamiento, migración,  minusvalía, injusta segregación, etc. pudieran presentarse especiales dificultades para ser atendido. En cuanto supone un derecho fundamental para la formación de la personalidad es de vital importancia atender a las individualidades sicológicamente complicadas.

8.2 La libertad en la educación.

8.2.1 Educar atendiendo el derecho fundamental de cada individuo exige ante todo educar en la verdad.

8.2.2  Así como el derecho a la educación es universal, también existe una obligación universal de todos los ciudadanos para, en su ámbito de participación en la sociedad, asumir un comportamiento dirigido a servir a los demás mediante la transmisión del conocimiento adquirido enjuiciado según la experiencia como positivo o negativo. Especialmente cada hombre está comprometido socialmente a la enseñanza del bien.

8.2.3  Como la obligación de la educación implica a todos los estamentos sociales, cada uno de ellos ejercerá un influjo más trascendente según su adecuada capacidad respecto a los contenidos a comunicar en cada fase de la educación. De este modo: la familia, la escuela, la universidad, la comunidad deportiva, el circulo social, la comunidad religiosa, los grupos de comunicación, los organismos internacionales, y cualquier otra asociación de iniciativa social debe velar por el respeto a su influjo educativo mediante la transmisión de contenidos ajustados a la verdad.

8.2.4  Dado que la consideración de la verdad puede contener muchos influjos subjetivos, es por lo que antes que nada debe advertirse que toda la educación se sustenta sobre la forja de una personalidad ajena, individual y libre, y que por tanto toda la enseñanza debe enfocarse a informar una mente racional con objeto de forjar una  personalidad libre e independiente.

8.2.5  Una de las grandes tentaciones de la humanidad es formar seres en los cuales se proyecte la propia personalidad, ya sean de los padres, de los tutores, de los educadores, de los políticos, de los pastores. Ello no obsta para que cada cual asuma la responsabilidad de trasmitir todos aquellos contenidos de verdad que considera un bien para el educando, pero siempre salvando la libertad de conciencia de la personalidad formada.

8.2.6  El mayor peligro de proyectar la propia personalidad es directamente proporcional a la magnitud de la relación; muy especialmente en la maternidad y en la paternidad se confunde el cariño que mueve a procurar permanentemente el mejor bien inculcando las experimentadas ideas de buen comportamiento con educar a los hijos según los gustos y preferencias de la propia personalidad. En esta dimensión se debe intentar objetivar lo que realmente es un bien para los hijos mejorando la propia formación si existen medios accesibles, y siempre contando con el asesoramiento de los expertos que puedan compartir tareas en la educación del niño, como son los profesores y tutores.

8.2.7  La obligación de educar que compete a la comunidad respecto a sus miembros es ejercida de modo más directo por los profesores a quienes incumbe la tarea de enseñar con respeto a la verdad que posibilite la libertad de sus alumnos. Es esta tarea de especial responsabilidad y de extremada delicadeza. Aquí cabe hacer una distinción entre los objetivos que identifican conocimientos científicos, cuya objetividad la aporta la contundencia de sus experimentación, y los contenidos humanísticos, cuya subjetividad está mediatizada en mucho por el pensamiento o ideología que toda época, moda y hombre posee. Educar en la libertad representa por tanto enseñar los contenidos de verdad científicos como científicos, y los contenidos de verdad opinables como opinables, sustentados en todas las justificaciones que puedan ayudar al educando a formar su mejor criterio. En función de la edad es esencial que se eduque en la libertad progresiva de juicio, o sea que los propios criterios deben variar en función de la información que puedan aportar nuevas experiencias o estudios.

8.3 Identidad de la cultura.

8.3.1 La cultura está formada por el elenco de saberes y modos de interpretar la vida que las personas humanas han acrisolado en cada comunidad; trasmitiéndose esa sabiduría de generación en generación, y quedando constancia de la misma a través de tradiciones que articulan las formas de relación, que determinan una lengua particular como vehículo de comunicación, que se expresan en manifestaciones artísticas, bien en uso o recopiladas en el urbanismo, museos, bibliotecas, etc. cuyo influjo trasciende y  en conjunto determinan la personalidad histórica de una colectvidad.

8.3.2  De acuerdo al ámbito social que se acote se puede hablar desde una cultura de la humanidad a la cultura de un pueblo determinado. La característica esencial de la cultura es su realidad social, o sea que se corresponde a lo que de ese modo de saber sobre la vida se comparte en una colectividad y desde la misma se difunda como caracterización propia de la misma, de modo que de alguna manera se puede decir que la cultura identifica al grupo en su proyección socio histórica.

8.3.3  La cultura se realiza en cada comunidad en dos vertientes:

  1. La que corresponde a la concepción global comunitaria de su realidad cultural.
  2. La que cada persona interioriza como experiencia de relación con el mundo exterior.
8.3.3.1.1  Desde la perspectiva colectiva la cultura se constituye como un conjunto de sabiduría y sensibilidades armonizadas desde subconjuntos que pueden entenderse de modo diacrónico o realizado en el tiempo, o sincrónico según las distintas facetas creativas de la percepción humana. En el eje diacrónico se manifiestan las tendencias que en cada época la sensibilidad social ha tomado como referencias de su creatividad, y sirve para estudiar su influjo en la vitalidad de ese colectivo en cada momento histórico y el influjo sobre las etapas posteriores y sobre la actualidad.

8.3.3.1.2  La valoración del acervo cultural de una sociedad se puede medir tanto en los valores que proyecta sobre el momento actual, como también en el valor que supuso para las relaciones de la sociedad en cada tiempo. El primero lo analiza la sociología en el estudio de los comportamientos sociales, el segundo pertenece propiamente a la ciencia histórica.

8.3.3.1.3  El influjo de la cultura histórica permanece de modo más o menos explícito sobre cada momento de la sociedad porque radica en las costumbres y porque de su estudio trasciende a la conciencia de los ciudadanos como formas ejemplares que pueden manifestarse en los comportamientos individuales o colectivos de cada grupo social.

8.3.3.1.4  Es este influjo cultural diacrónico el que de un modo más patente manifiesta el patrimonio cultural de una comunidad e influye determinantemente en su concepción de nación.

8.3.3.1.5  La conformación de una división subgrupal de la cultura en el eje sincrónico se realiza desde la contemplación de cada una de las diversas manifestaciones en que se realizan los mismos contenidos culturales: lengua, literatura, pintura, música, cine, eventos sociales, formas de ocio, etc. Aunque la mutua influencia y la dependencia común a formas contemporáneas de pensamiento y hábitos operativos hacen que existan unos comunes denominadores existenciales que constituyen la esencia cultural del momento y que se manifiestan como los valores culturales propios de la época.

8.3.3.1.6  La sincronía de las diversas manifestaciones culturales no obsta para que en cada momento la preeminencia de unos aspectos sobre otros sea trascendental, de modo que cuando la diversidad queda eclipsada hacia el monopolismo de unas pocas manifestaciones la universalidad de las posibilidades creativas se resiente y genera espacios y tiempos de apagones culturales.

8.3.3.1.7  Manifestarse creativo depende mucho de que el entorno formativo y el entorno vital encuentren una animación cultural que mueva a despertar el espíritu del letargo material. Por eso el influjo diacrónico de la conciencia cultural de un pueblo es un factor animador de la cultura y también de la libertad interior personal, en cuanto que como la creación es una proyección de la intuición espiritual sobre el intelecto su posibilidad de realización será mayor si la persona percibe su capacidad de influjo transformador.

8.3.3.2.1  La cultura también reviste una vertiente personal definida por la afinidad de la sensibilidad de cada persona hacia la experimentación de los contenidos creativos.

8.3.3.2.2 En relación con el saber la cultura se distingue de la erudición en que ésta se caracteriza por la acumulación de conocimientos; y de la sabiduría, en que la misma consiste en la capacidad interpretativa de los  contenidos del saber; mientras que la cultura personal se perfecciona en la experiencia sensible de los contenidos del saber y de las formas de manifestación de la creatividad. La cultura por tanto presupone el conocimiento del saber, pero sólo se define como tal cuando entra a integrarse en el mundo de la personalidad.

8.3.3.2.3  La cultura contiene un valor social muy importante pues por su contenido se presenta como un elemento de relación entre las personas. La cultura aporta une espacio importante para compartir experiencias, y si bien es inferior en la naturaleza esencia de los vínculos al de las relaciones de familia o trabajo potencia las mismas por el incremento de contenidos que favorecen la transmisión e intercambio de parecer.

8.3.3.2.4  Existe un ejercicio intelectual unido al acerbo cultural que potencia la percepción de la propia realización personal. El hombre en su experiencia cultural se conoce como ser espiritual sensible, más allá de la mera sensibilidad corpórea, interpretando los significados de la creatividad en la que se ha manifestado la expresión de los conocimientos recibidos. La cultura se interpreta así intelectualmente como un valor que nos permite disfrutar y progresar en nuestra relación con la naturaleza. Se podría decir que la experiencia del contenido cultural es algo que nos diferencia de las demás especies animales, porque los contenidos esenciales de nuestra vivencia se desplazan desde los de supervivencia a los de perfección intelectiva.

8.3.3.2.5  Aunque en gran parte la sensibilidad por la cultura radica en el grado de la disposición propicia de cada personalidad para interesarse por esa perspectiva de creatividad en su relación con la naturaleza, también es cierto que la motivación interior se incrementa con la educación que permite una mayor interacción con el saber y por ello se amplía el ámbito posible de especulación cultural. La motivación adquiere la función de un catalizador para el desarrollo cultural, que nace desde la sociedad a la persona y revierte posteriormente en un estadio superior para la misma sociedad.

8.3.4  La proyección que se ha percibido entre la cultura y la libertad individual nace de que la cultura aporta al ser humano una visión trascendente sobre la materia que reduce el sentido de dependencia. Aunque también habría que reseñar que la cultura entraña una cierta dosis de condicionamiento al insertar al individuo en un espacio socio cultural que determina en gran medida sus experiencias. De aquí que se considere beneficioso para la libertad de la persona una diversidad de contacto de fuentes culturales para favorecer su libre enriquecimiento. Desde esta perspectiva las sociedades abiertas al intercambio cultural con otros colectivos serán las que más favorezcan la libertad de su ciudadanos. Se podría llegar incluso a concluir que el mundo será más libre en cuanto más incremente el desarrollo cultural de sus pueblos y más favorezca el intercambio entre las distintas culturas.

8.4 Relaciones culturales.

8.4.1 La historia nos demuestra que las relaciones culturales no han representado siempre un marco positivo de convivencia entre los distintos pueblos porque la distinta interpretación de la realidad intelectual ha fomentado las envidias, los odios y los rencores intentando imponer por la fuerza el criterio del propio grupo.

8.4.2  La diferencia entre niveles sociales de cultura ha sido también una causa de la estratificación de las sociedades en grupos afines con habitual desprecio o marginación de los grupos inferiores.

8.4.3  Aunque en sí la cultura debería entrañar la apertura intelectual a la compresión entre las personas, y por tanto de los más a los menos favorecidos, la realidad social muestra que ello no es así; de modo que es muy habitual que el grado de cultura suponga una atracción de las relaciones hacia los grupos superiores y un desprecio de los inferiores, lo que es un indicador de cuánto aún la cultura representa una valor material más que intelectual.

8.4.4  Las relaciones sociales para que se muestren sanas deben entrañar un respeto entre las culturas respectivas y una toma en consideración del enriquecimiento que aporta el que en la relación incidan culturas diversas.

8.4.5  En sí existen relaciones que engendran conflicto por el distinto enfoque que se da en la cultura de las partes. Entre ellas merecen destacarse:

  1. Las relaciones generacionales.
  2. Las relaciones entre estamentos.
  3. Los conflictos de distinción de género.
  4. Las marginaciones.
  5. Los conflictos de raza o estado.
8.4.5.1  Relaciones generacionales:

8.4.5.1.1  Las distintas perspectivas que se conceden a la interpretación de la vida tienden a variar la cultura de cada generación adaptando la recibida en la educación a los nuevos modos de pensar, casi siempre en un sentido más abierto de la libertad, lo que origina que surjan con frecuencia conflictos entre las personas que forman parte de generaciones sucesivas, muy especialmente si existe convivencia en común, porque se suele considerar la nueva forma cultural esencialmente como rupturista, sin tomar en consideración que la evolución de la cultura es un hecho diacrónico inapelable.

8.4.5.1.2  El conflicto cultural entre generaciones choca entre unos anhelos de libertad aún no maduros y una tendencia al conservadurismo que se retrae de aceptar cambios culturales. En el fondo toda tendencia conservadora contiene una cierta dosis de conformismo y un juicio implícito de que lo por venir es peor que lo actual. Esta situación es consecuencia sicológica de que se considera que lo óptimo corresponde siempre a lo modificado en el anterior proceso de relevo generacional y que ello, por tanto, debe blindarse como valor permanente.

8.4.5.1.3  Los conflictos generacionales marcan las relaciones familiares, escolares y una parte no desdeñable de las relaciones de la comunidad de convivencia. La cultura juvenil tiende a afirmarse en el cambio como enseña de la propia identidad generacional. El cambio es tanto más acusado en cuanto que la comunidad tiene un bagaje cultural más desarrollado, lo que genera una reivindicación de la libertad en términos de ruptura o progreso.

8.4.5.1.4  Aunque el influjo de la confrontación generacional se deja marcar en la cultura en el eje de su dinámica sincrónica, en el de la influencia diacrónica es menor, porque su trascendencia social se diluye, en parte, porque el influjo de los jóvenes se atempera en la edad de la incorporación a la vida productiva, la que más trasciende sobre la cultura. No obstante, una parte se consolida en las nuevas formas de pensamiento y es la que asume el relevo cultural generacional.

8.4.5.2  Relaciones entre estamentos:

8.4.5.2.1  La división estamentaria de la sociedad es una realida con distinta imposición según las culturas, pero que aun cuando no adquiera una relevancia social determinante en las comunidades no por ello deja de ejercer su influjo sobre las partes relacionadas.

8.4.5.2.2  La consistencia de las sociedades culturalmente estamentarias lo manifiestan en las relaciones sociales de trabajo, de participación política, concernientes al matrimonio, acceso a bienes, herencia, etc.

8.4.5.2.3  La división estamentaria afecta a la cultura de las relaciones de convivencia de la vida diaria en aspectos tan comunes de expresión como pueden ser el saludo, la sumisión, la presencia en determinados eventos sociales, la asunción de culpa, el acceso a la educación, etc.

8.4.5.2.4  Una sociedad establecida sobre estamentos es una sociedad proclive a la distinción de las oportunidades de cultura y educación para sus ciudadanos, ya que los estamentos más favorecidos, que no suelen avenirse a la integración, reclaman en nombre de la libertad la oportunidad de dedicar los propios recursos para la formación de los suyos quedando institucionalizada la diversidad de acceso a medios iguales de oportunidad en la formación de los jóvenes. Este aspecto origina un enfrentamiento en las relaciones sociales entre los estamentos, porque los más inferiores exigen, en virtud de la aportación que realizan a la sociedad con su trabajo, condiciones iguales de promoción para sus hijos a fin de paliar progresivamente la diferenciación generada entre los recursos de que se dispones y la promoción que la cultura facilita. En cuanto más integrados se encuentran los estamentos de una sociedad, mayor es la coherencia cultural de la sociedad.

8.4.5.2.5  La cultura de la distinción de personas se trasmite en el ámbito social con tal fuerza que difícilmente se supera en el ámbito individual. Salvo un reducido grupo animado por una conciencia social privilegiada, la mayoría de los ciudadanos toman conciencia de grupo y su esquema mental se forja sobre la categorización de las personas en función de su estamento patrimonial. Esta concepción presenta una excepción generalizada, y es la de atribuir condición de clase cultural en función del nivel de renta que se manifiesta.

8.4.5.2.6  Con bastante frecuencia la relación entre estamentos adolece de falta de medios de intermediación que faciliten el mutuo conocimiento y el establecimiento de recursos políticos que favorezcan la integración. En las sociedades democráticas esto se palia en parte por la representación popular, pero la experiencia viene demostrando cómo se desvirtúan los proyectos de integración de muchos procesos por la inconsistencia o la irresponsabilidad de los políticos elegidos.

8.4.5.2.7  Un aspecto donde la integración cultural sigue siendo muy deficiente es la de las relaciones entre los grupos o estamentos nacionales que peyoran en sus condiciones de asimilación a los portadores de otras culturas. La afirmación de la propia cultura debe ser tan integrante que se convierta en atractiva para favorecer la asimilación. Ni la conciencia nacional, ni la religión, ni la concepción de la familia o la economía deben constituir trabas cerradas para la integración, antes bien en función de su coherencia interna esas realidades se impondrán o en caso contrario se perfeccionarán con las aportaciones exteriores.

8.4.5.3  Conflictos de distinción de género:

8.4.5.3.1  Las relaciones entre personas de distinto género tienen en la sociedad una carga sustancial en lo que trasciende a la reproducción y consolidación de la especie. La fecundación de nuevos seres humanos sigue un proceso ordenado desde la conjunción de dos personas de distinto género quienes entran en una relación específica que tiene como principal fin la concurrencia de los recursos personales respectivos para la correcta crianza y desarrollo de los hijos.

8.4.5.3.2  El que las relaciones de reproducción de la especie estén en la naturaleza confiadas a la distinción sexual de las personas no determina que sean éstas las únicas o principales en las relaciones entre géneros, ya que las necesidades afectivas de los individuos, en una muy importante determinación, están también sujetas a la diversa forma de ser de los géneros respectivos.

8.4.5.3.3  Parece que entre las dos causas más específicas de las relaciones entre géneros, la afectividad y la procreación, existe un elemento común que las formaliza que es la sexualidad. La distinción sexual y la mutua atracción a la realización íntima tiene el doble fin de la generación de la especie y de la culminación afectiva. Por tanto, una de los componentes de las relaciones de género está en orientar la finalidad para la que se establece.

8.4.5.3.4  Siendo la personas humanas criaturas libres, les corresponde en las relaciones de género establecer la prioridad de sus fines, sin que puedan los actos en pareja adquirir tendencias irracionales. La inteligencia es quien debe asumir el papel rector de los actos relacionales de género tanto en su acuerdo formal como en su realización durante el tiempo en perdure la relación. La distinta cultura que cada parte pueda tener de lo que entraña una relación de género debe ser sometida al consenso mutuo, pues como cualquier relación interpersonal se fundamenta en el acuerdo mutuo, sin que se puedan hacer valer valores culturales impuestos. La cultura de la libertad debe prevalecer sobre cualquier otra que en su aplicación implicara una situación de dominio.

8.4.5.3.5  Una característica de las relaciones de género la establece el que la naturaleza física y sicológica de las personas de distinto sexo tengan peculiaridades específicas que hacen que en la relación existan predeterminaciones de posiciones de poder peculiares. La relación genérica debe asumir que las diferencias de roles entre sexos no consoliden posiciones de dominio, por ello deben orientarse desde un marco que asuma la diferencia de caracteres pero la igualdad de derecho.

8.4.5.3.6  Como cualquier acto humano, las relaciones de género, desde la perspectiva social que estudia las relaciones en su esencia, están sujetas a la libre voluntad de las personas que las contraen, lo que no excluye las responsabilidades éticas respecto a los ámbitos de protección de la prole e integración social de la pareja.

8.4.5.3.7  En busca del bien común, el colectivo social, dejando a salvo la libertad de quienes contraen relaciones de género personales,  puede regular el marco de deberes y derechos que deban protegerse en el colectivo para que cada miembro sea considerado también según la carga social que las costumbres le imponen.

8.4.5.3.8  La igualdad de derecho en la relación debe ser progresivamente perseguida en el marco legal de la sociedad aunque las costumbres o el entorno cultural hayan aceptado formas de dominio de unos miembros sobre otros. El derecho a la igualdad entre géneros proviene de la misma naturaleza de persona y, por más que en épocas pasadas se interpretara según otros valores, la proyección de los modernos sistemas legales debe dirigirse a su consolidación.

8.4.5.3.9  No es lícito el recurso a la violencia para imponer el criterios de cultura propios en las relaciones interpersonales. De modo muy especial no lo es en las relaciones de género por el grado de intimidad en el que se desarrollan, donde la misma podría degenerar en consecuencias graves para la libertad y la estabilidad del grupo familiar. A este fin, en el concierto mismo de la relación, es positivo fijar pautas de comportamiento para dilucidar los conflictos internos. Sopesar los mutuos agravios en un marco de estímulo de la convivencia debe reconducir los comportamientos agresivos hacia una tolerancia que facilite la convivencia preservando los derechos. Si no es posible la concordia de la relación se debe asumir la inconsistencia de la misma y formalizar la ruptura de los lazos, sin que sea aceptable en ningún caso el recurso de la violencia.

8.4.5.3.10  Los ordenamientos jurídicos deben prevalecer sobre las tendencias culturales y servir de pautas de modificación de las costumbres ajustándolas a la mayor equidad de la defensa de la libertad. El enraizamiento cultural de estas tendencias facilitan la cultura de la convivencia pacifica.

8.4.5.4  Las marginaciones:

8.4.5.4.1  Las formas culturales de cada comunidad entrañan posibles estratos de marginación, sean a nivel personal o de grupo, por la falta de integración de esas personas en lo que es la cultura común. Son elementos que se automarginan bien porque presentan caracteres sicológicos por los que tienden al aislamiento social, bien porque su personalidad o formas de comportamiento conllevan una exclusión social, o bien porque de razones ideológicas se sigue una segregación cultural. En todos los casos la marginación se manifiesta en una tangencialidad de vida respecto al ámbito cultural establecido por el grupo social.

8.4.5.4.2  Hay que diferenciar lo que corresponde a estructuras culturales distintas entre estamentos o castas, y el que existan individuos que no se integran culturalmente en el propio grupo, quedando en una situación de marginalidad que determina en gran parte sus relaciones sociales. Las causas pueden provenir de la rigidez cultural del grupo o de la personalidad del individuo. También existe una causa de marginación que nace de la minusvalía física para compartir los hábitos culturales de la comunidad.

8.4.5.4.3  La naturaleza de la marginación suele seguirse de un cúmulo de circunstancias tanto individuales como sociales que chocan con la cultura con raigambre en la sociedad. Normalmente los protocolos culturales repudian la marginación, porque chocan con la naturaleza integradora que supone la cultura, pero de hecho son las convenciones de estas formas culturales las provocan en gran parte el hecho marginal.

8.4.5.4.4  Trabajar para construir desde la entraña de la cultura puentes para la integración se logra mediante la consolidación de la misma en principios de filosofía social universales, que por su misma condición pueden servir de referencia común para converger las tendencias de las diferentes culturas. La fundamentación de las realizaciones culturales en principios solidarios favorece el interés común y la aceptación e integración por las minorías marginables.

8.4.5.4.5  La cultura ha de ser un instrumento de integración y no de disgregación, por lo que ha de favorecerse que puedan alcanzar sus distintas manifestaciones al mayor porcentaje de individuos de la comunidad, este principio exige la imaginación de recursos para adaptarse al lenguaje de los niños, de los disminuidos, de los inmigrantes, de los mayores, etc. Una cultura socialmente es relevante cuando goza de implantación en la  sociedad. Las formas ejemplares son válidas cuanto no se determinan para sí mismas sino que se forjan con espíritu de influencia.

8.4.5.4.6  Cuando la cultura establece enfrentamiento de las partes dentro de una sociedad se debe a la deficiente fundamentación sobre criterios de verdad de la misma. Por ello es necesario que los responsables sociales de la potenciación cultural sean sensibles a la crítica.

8.4.5.4.7  De acuerdo al progresivo contacto intercultural que se genera desde la globalización de las relaciones sociales, la cultura misma debe evolucionar desde un papel de esencia doctrinal hacia una relativización de sus contenidos como formas polivalentes capaces de adaptarse a las muy distintas consideraciones de la vida. En esa  amplitud de las formas se favorece el diálogo cultural intercultural; y es ese diálogo el que puede profundizar hacia las esencias comunes que deben informar todo hecho cultural.

8.4.5.5  Conflictos de raza y estado:

8.4.5.5.1  La particularización de la vida política sobre un ideario de parte enfrenta a los ciudadanos de modo tal que incluso a veces se cuestiona la misma idea de democracia o respeto a la opción mayoritaria de libertad. Esta división en bandos de la sociedad supone un riesgo grave de desestructurización que niega las esencias mismas del concierto social para el bien común.

8.4.5.5.2  Existen diversas interpretaciones sobre si una sociedad se desestructura por la intolerancia de las partes, o si la sociedad se estamenta en bandos por defectos de estructuración. Esta cuestión, que atañe a los estudios sociológicos, lo que deja patente es que una sociedad enfrentada desde posiciones intransigentes al diálogo es una sociedad fracturada que genera ciudadanos inducidos a la violencia como medio de reafirmación de los propios criterios.

8.4.5.5.3  Dado que toda persona cuenta con una inclinación racional a considerar como verdad su criterio, la  agrupación de personas que sostienen criterios comunes refuerza la consistencia individual hasta lo que ha venido a denominarse ideología o conjunto de criterios que enaltecidos por el grupo deben regir la actuación personal. El error de las ideologías radica en aquella esencia mal concebida: ya que el convencimiento racional no genera necesariamente la verdad y que todo juicio humano está sujeto a error. La ideología, por tanto, debería formularse como tendencias en la interpretación de los hechos sociales, y asumir la misma abierta a la permeabilidad de las ideas externas y a la continua perfección del propio criterio.

8.4.5.5.4  Especialmente conflictivo es cuando la ideología se hereda sustentada en creeencias religiosas, morales o filosóficas personalmente no racionalizadas que sectorizan la sociedad en comunidades de poder cuyo enfrentamiento margina necesariamente al sector que en cada momento cuenta con menos recursos. Esta sectorización de la vida social atañe de modo especial al derecho de acceso a la cultura para los individuos, pues es tanta la pasión que se sostiene sobre las propias ideas que desde el mismo grupo familiar se intenta imponer las mismas sobre descendientes, cónyuges y parientes. Desde esta perspectiva, cada sujeto es objeto de una violencia para adherirle a criterios que se consideran fundamento de la vida misma, sin que sea cada persona quien libremente construya su propio ideario en función de la racionalización de su experiencia vital.

8.4.5.5.5  El Estado, como forma de ordenación de la vida social, debe favorecer la libertad de sus ciudadanos para que ellos sean por sí mismos quienes identifiquen los valores sobre los que quieren asentar su personalidad. Para favorec esta libertad debe promover la difusión cultural que se sustenta sobre la doble actuación de que todos los grupos tienen derecho a la libre expresión y comunicación y velar para que bajo la apariencia cultural no se creen formas radicales de dominio de las conciencias. La máxima negación de esta doctrina es que sea el propio Estado quien, desde el grupo social que se estructura como administración y gobierno, dirija la uniformidad cultural de los ciudadanos hacia valores predeterminados.

8.4.5.5.6  El derecho fundamental a la libertad de la persona humana es el supremo valor de la ordenación social, y por tanto cualquier esfera de orden comunitario debe velar por no violentar ese derecho en su más íntima relación; esto el válido desde la familia y su inserción en el clan, los partidos políticos repecto al orden político, las confesiones religiosas respecto al dictado de la moral, hasta el rol de las naciones en el orden internacional. Para la promoción de ese derecho contra el poder efectivo de castas, estamentos y gobiernos, es por lo que se recogen en las Constituciones de los Estados y de las emergentes instituciones internacionales la formulación de los derechos esenciales de la persona, y los mecanismos jurídicos para hacerlos valer en el marco de las relaciones sociales.

8.4.5.5.7  La dotación cultural de los distintos grupos sociales en la defensa de su identidad no puede excluir el progreso derivado de la relación de sus miembros con grupos externos, lo que no sólo generará un enriquecimiento de la personalidad individual, sino también una ampliación de los horizontes culturales colectivos. En este espíritu de modernidad se logra una mayor integración y respeto cultural entre las diversas tendencias culturales que potencia los hábitos de tolerancia entre los diversos grupos y comunidades que entran en relación.