TRATADO DE FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA SOCIAL

TEMA 9  EL EJERCICIO DE LA SOLIDARIDAD.
9.1 Redistribución.
9.1.1 La riqueza, conjunto de bienes de la naturaleza que satisfacen las necesidades del hombre, pertenece por esencia de modo igual a todos los hombres, pero, en la medida que esos bienes hayan tenido que ser trabajados para su disposición y utilización, la relación de pertenencia queda afectada por un vínculo especial de propiedad para el sujeto del trabajo.
9.1.2  La propiedad es una consecuencia relacionada al trabajo que se extiende sobre los bienes elaborados y sobre aquellos que como consecuencia de la distribución del trabajo son objeto de permuta o comercio.
9.1.3  En cuanto que todos los hombres tienen derecho a la vida, les pertenece el recurso al ejercicio del trabajo sobre alguna porción de naturaleza de la que obtener beneficios para su subsistencia y bienestar.

9.1.4  El derecho a la propiedad y el derecho al trabajo han de conjugarse entre los seres de la humanidad de modo tal que la propiedad de unos no menoscabe la posibilidad de los demás al trabajo. Por lo que el derecho a la propiedad es un derecho limitado por la necesidad de los demás al trabajo para alcanzar su propio bienestar; trabajo que por sí engendra un nuevo derecho de propiedad. Se podría concluir entonces:

9.1.4.1  Que el ámbito natural sobre el que se opera generando los derechos de propiedad está limitado por un derecho similar de terceros a trabajar y obtener beneficios para su supervivencia.

9.1.4.2  Que la justicia en la redistribución radica originariamente en un derecho al trabajo y no a los bienes producidos.

9.1.4.3  Que el derecho relativo de la propiedad no le afecta en sí en cuanto conjunto de bienes producidos sino en cuanto participación colectiva al predio natural de donde por el trabajo se producen.

9.1.5  Dado que la aplicación de la inteligencia y el esfuerzo sobre la naturaleza no es igual para todos los hombres, los beneficios que se obtienen de la naturaleza son igualmente desiguales. Esto origina personas y comunidades muy distintas en bienes y recursos creativos, lo que hace que el rendimiento de beneficio sobre una unidad de la naturaleza laborada sea muy diverso.

9.1.6  La redistribución directa de la naturaleza y de las propiedades, a causa del distinto grado de aplicación de las personas sobe ellas, podría generar un empobrecimiento colectivo por la sucesiva disminución de la productividad. Por ello debe pensarse que la redistribución sobre el derecho universal al trabajo no ha de ser en sí sobre la repartición equitativa de la naturaleza sino en la cooperación de la difusión de la ciencia y la técnica para multiplicar el beneficio del trabajo.

9.1.7  La riqueza es producto del trabajo intelectual y manual de la humanidad, y por ello la mejor redistribución de la riqueza está en la capacitación para obtener el mayor rendimiento al esfuerzo.

9.2 Proteccionismo.

9.2.1  Existe en la naturaleza más elemental de los seres vivos una tendencia a la autoprotección y a la autocomplacencia. De algún modo esencial sigue la tendencia de la interpretación de la realidad a partir del sostenimiento de la propia identidad, por eso el ser procura como primario todo lo que ayuda a su supervivencia y a su placer. De ahí que tienda a afirmar la soberanía al entorno estableciendo demarcaciones de propiedad o poder. El ser humano al establecerse en sociedad sostiene esa tendencia, aunque racionalizada, lo que se percibe en cómo aprecia el sentido de lo propio.

9.2.2  La protección de lo propio ha sido uno de los factores más decisivo en las relaciones sociales, porque en el encuentro de una pluralidad se despierta la ansiedad por los bienes ajenos, originándose la concertación, en el acuerdo de relación social, del modo de protección de lo propio de cada cual y de cómo se distribuirán los bienes generados por la puesta en común de los talentos y esfuerzos de cada parte.

9.2.3  El proteccionismo creado en dicha relación se establece en forma de derecho del individuo o grupo frente a la colectividad. Dado que la sociedad es dinámica y se desarrolla de continuo, las relaciones que se acuerdan en un momento dado para la protección de los bienes de las partes pueden ser denunciadas por la colectividad en otro momento cuando las mismas merman las posibilidades de abrirse a nuevas perspectivas de participación. En este caso el proteccionismo se opone a la solidaridad.

9.2.4  El objetivo del proteccionismo esencialmente es conservar el grado de bienestar alcanzado, que es consecuencia -desde la exclusiva perspectiva material- de la cantidad de bienes disponibles. Ahora bien, la asociación del hombre se realiza con fin de mejorar conjuntamente el rendimiento de explotación sobre la naturaleza, y de ahí se colige que se pueda compartir el ámbito de lo propio con la finalidad de que de los resultados de la inversión se sigan tales beneficios que de su distribución entre las partes todos obtengan beneficio.

9.2.5  El aseguramiento de lo propio en el riesgo del comercio global es lo que genera la inestabilidad de las políticas intercomunitarias y la consecuente deficiencia de un ámbito definido de relación. El proteccionismo buscar primar el interés de parte como consolidación de derecho frente a la emergente competencia exterior.

9.2.6  Cuando el proteccionismo protege derechos fundmentales justifica su naturaleza. Cuando perjudica con su aplicación derechos fundamentales ajenos que no merman los propios, denuncia su inconsistencia en le marco social. Cuando refuerza situaciones de dominio se hace tanto más o menos ilegítimo según el grado de libertad que deteriore.

9.2.7  El proteccionismo no se ejecuta sólo sobre materia económica sino también, y quizá de modo preeminente, sobre al ámbito ideológico, cuando se pretende preservar una tradición o programa social de toda contaminación exterior. Una cultura, una expresión religiosa, una doctrina política, pueden considerarse con un valor tan determinante de bien que induce a hacer plena reserva de sus principios a cualquier tipo de relación social. De este modo el proteccionismo persigue amparar, con un rigor desproporcionado, lo que la fuerza intelectual de por sí no preserva.

9.2.8  Una forma extrema de proteccionismo es la autarquía, en la que la actividad de producción y comercio de una comunidad se cierra al intercambio exterior limitando las perspectivas de uso de bienes a la propia capacidad comunitaria.

9.2.9  La autarquía limita en mucho el progreso, porque ninguna comunidad posee las mejores técnicas ni suficientes recursos naturales para desarrollarse de espaldas al exterior. Esta situación es especialmente grave  cuanto atañe a Estados pequeños, que por su propia dimensión están para el progreso más condicionados al intercambio exterior. Esta realidad es tal que la autarquía habitualmente es consecuencia de una estructura política de radical dominio al servicio de una minoría.

9.2.10  En el caso de las autarquías de razón política habría que considerar que sirven para el proteccionismo de intereses particulares mediante el control de la sociedad por la delimitación de su relación exterior.

9.2.11  Entre las obligaciones que una comunidad confiere al Estado está la protección de los propios intereses en el ámbito de la economía internacional. Hasta dónde deba llevarse una protección de derechos  inmediatos está en función, además de otros factores de solidarización, de la perspectiva de beneficio o deficiencias que la implantación o restricción de medidas proteccionistas puedan deparar en el futuro. Esto se visualiza en las concertaciones de mercado común, donde los daños sectoriales que producen los ajustes inmediatos a la larga se compensan por la generalidad de los beneficios colectivos.

9.2.12  Cuando el proteccionismo lo patrocinan los medios más poderosos, la solidaridad se resiente notablemente, porque se cercenan los legítimos derechos de promoción de las economías menos favorecidas.

9.2.13  Una forma de proteccionismo perpetuada en la sociedad es la establecida por quienes detentan un poder político o económico desde el cual dictan una ley que vulnera los legítimos derechos de las minorías a acceder a disponer o explotar los recursos de la naturaleza. Esto se da de modo muy especial en pueblos colonizados o donde el sistema propicia la administración del poder por unos pocos. El caciquismo y la corrupción se instalan en esas comunidades como mal social endémico.

9.2.14  Se podría pensar que las estructuras propias del sistema democrático orientarían todo el proteccionismo hacia una tendencia igualitaria, al ser todo el pueblo el comprometido en el poder, pero aunque así se ha realizado en algunos Estados no ha sido una proyección general, quizá porque una suficiente mayoría impone su criterio de dominio como justificación del efectivo poder que esa estructura comunica en el conjunto universal de relaciones sociales.

9.3 Globalización.

9.3.1  En la globalización se advierte una estructura de relación de ámbito internacional cuyo límite no es otro que el confín de la sociedad organizada. Supone la antítesis de la autarquía, pero considerada como sistema sólo se justifica socialmente cuando las relaciones que estructura tiendan a relajar los imperativos de dominio que bajo disimulados modos de colonización se han impuesto históricamente en las relaciones internacionales.

9.3.2  La globalización esencialmente parte del respeto a la soberanía particular de cada pueblo y busca en la misma instalarse como forma de participación comercial. Por ello la garantía de derecho es el requisito fundamental de esta nuevo sistema de economía internacionalizada.

9.3.3  El protagonismo que en una economía global tiene cada pueblo está condicionado por su posición estratégica respecto a la produción y el mercado. Si la economía global he de imponerse como una relación universal debe contemplar reglas de solidaridad para paliar las posiciones de debilidad en las que las comunidades con menos recursos quedan para defender sus justos intereses en una relación dominada por quien tiene una posición preeminente económica. Esto es especialmente trascendente para las economías de los pueblos emergentes al desarrollo, donde su carencia de recursos propios puede relegarlos a una condición dependiente.

9.3.4  La vertiente social de la globalización radica en que la sociedad humana es una y por tanto todos pueden avenirse a un múltiple pacto. Los progresos en la comunicación que han reducido las distancias y los tiempos son los verdaderos artífices de este desarrollo mercantil a escala mundial que además de beneficiar el bienestar por el incremento del comercio atribuye también un componenete cultural que puede favorecer el entendimiento entre pueblos y culturas.

9.3.5  Considerar la globalización como un proceso de cooperación mercantil universal sólo se justifica si realmente la masa social accede a una mejora de disposición de bienes que favorezcan sus condiciones de vida. La expectativa originada se fundamenta en la posibilidad de participar del progreso tecnológico y científico mediante el acceso a la fluidez del mercado, pero se requiere que la dinámica se ajuste a las necesidades de los pueblos emergentes y no sólo según la configuración de los intereses de los peublos con capacidad inversora.

9.3.6  La globalización exige una nueva estructura del sistema económico mundial que atienda a que no sea la riqueza la que protagonice la acción, sino la humanidad quien administre las riquezas universales con una perspectiva en la que no se vulneren en las relaciones los derechos fundamentales de las personas. Cuáto mayor es la diferencia de poder entre las partes más dificil es hacer valer los derechos individuales, y por ello la nueva economía deberá afrontar desde la solidaridad la ética de sus relaciones, pues entrando en juego los intereses de la población mundial la respuesta social puede llegar a ser tan contundente como incontrolable.

9.3.7  La perspectiva de que las relaciones sociales sean relaciones de servicio no puede perderse por muy grande que sea el ámbito de mercado, y los derechos que sobre el producto tiene el productor no pueden ser soslayados. La solidaridad contemplará entonces como primordial esa dimensión de servicio que tiene que regir la economía por la que el objetivo último de toda la producción es un intercambio de servicios que en el ámbito global se concreta también en un intercambio de los bienes de la naturaleza que administran cada pueblo según el espacio geográfico en el que se asienta y domina.