TRATADO DE FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA SOCIAL

TEMA 2: EL SUJETO DE LA FILOSOFÍA SOCIAL: EL HOMBRE.

2.1  Naturaleza del ser humano.

2.1.1  Siendo el hombre quien desde su inteligencia ordena intelectualmente el mundo que le rodea asignando nombre y definición a cada una de las cosa, su mayor dificultad surge cuando ha de definirse a sí mismo y analizar su propia naturaleza.

2.1.2  En la medida que una ciencia reduce a otras, la naturaleza de las reducidas queda perfectamente identificada en los parámetros que la justifican. En el paradigma del universo intelectual cada cosa es lo que puede predicarse de su esencia o naturaleza, ya que lo no conocido o inexplicable a lo sumo puede ser objeto de enunciación sin definición hasta que alguna ciencia pueda desentrañar y reducir bajo alguna ley los elementos singulares que la caracterizan.

2.1.3  Estando el ser humano en el vértice superior de la pirámide intelectual, puede mediante el análisis llegar a conocer la ley que ordena todo el mundo material, pero su propia identidad intelectual no puede ser conocida sino por reflexión, porque ningún saber puede al mismo tiempo reducirse o abarcarse a sí mismo como en un único acto de conocer y ser conocido, ya que lo conocido no cabría como reducido en el propio acto de conocer sino por reflexión o contemplación refleja del mismo acto.

2.1.4  Todo lo material del hombre se presenta como un estado de la materia y por ello puede ser definido según la ley de ese estado, pero la unidad de la persona en su globalidad de ente psicológico se escapa a la determinación que se podía esperar de la conjunción de sus formantes materiales.

2.1.5  El mayor escollo no está en las diferencias de comportamiento de las distintas personas, ni en la diferenciación de los propios actos personales, sino en la conciencia de libertad para el ejercicio intelectual.

2.1.6  La característica principal del ser humano no es que pueda pensar abstracciones a partir de las percepciones singulares asimiladas mediante impulsos sensibles, procesados y recreados en la mente, sino que a esos pensamientos corresponda una respuesta indeterminada, no vinculada necesariamente a una ley de acción-reacción, sino intelectualizada, creativa, libre.

2.1.7  Este modo de ser humano le caracteriza como un ente de doble procedimiento: el fisico-mental y el psico-intelectual. Esta doble articulación en una unidad responsable es lo que ha inducido la definición de persona como ser singular de naturaleza intelectual. La singularidad sería la característica de orden material organizada unitariamente e informada por una sustancia intelectual igualmente única y propia formando un conjunto unitario y distinto capaz del recurso creativo.

2.1.8  Concebir el doble procedimiento del hombre como una genuina unidad exige que los actos intelectuales versen sobre los actos mentales. La abstracción o idea, el pensamiento que conoce y relaciona la actividad mental con la realidad física exterior, es la imagen desmaterializada que informa la intuición espiritual capacitándola para obrar en un determinado sentido. Proporcionalmente a la maduración de esa intuición se sustenta la intelectualidad, se desarrolla la creatividad y se genera la libertad.

2.1.9  La definición de la esencia del ser humano como una unidad de doble procedimiento fisico-mental y psico-intelectual supera el escollo de las concepciones materialistas y espiritualistas del ser humano. Las primeras abocan necesariamente a la negación de una libertad real para la persona. Las segundas desencarnan el hombre hasta conducirlo a un idealismo irresponsablemente desvinculado de la realidad material.

2.2  La libertad en el hombre.

2.2.1  La libertad es ante todo una facultad dinámica que mueve a obrar con dominio intelectual sobre el acto producido.

2.2.2  De los actos del hombre, aunque todos pertenecen a la persona, también los más primariamente materiales o reflejos, no todos pueden considerarse libres: sólo se conceptúan como tales los que contienen un compromiso de dominio intelectual.

2.2.3  Actividades fisiológicas como crecer, respirar, encanecer, llorar; o actividades sentimentales como amar, disgustarse, desmoralizarse, tener antipatía; corresponden a actos humanos que no pueden considerarse libres porque no son consecuencia de una decisión evaluatoria inteligente, sino de una respuesta operativa motivada por un estímulo exterior. Es cierto que todas estas actividades son intelectualmente conocidas e incluso se puede conceder un consentimiento implícito de la voluntad sobre las mismas, pero, de alguna manera, el dominio de su producción queda habitualmente excluido del imperio de la voluntad, porque el mismo acto se conoce como espontáneo o necesario bajo una determinada situación de influjos.

2.2.4  Para que un acto pueda ser libre, el fundamento primario es que el intelecto lo conozca como libre. La voluntariedad de ejercicio sigue a la forma de ser, y tan sólo lo que es percibido como propio del dominio personal por el intelecto puede causar decisiones libres. Por ello, la libertad además de como facultad se constituye como hábito intelectual.

2.2.5  Quienes sostienen la imposibilidad del ejercicio de la libertad niegan la propia experiencia intelectual de obrar con dominio sobre el acto realizado. La actividad intelectual quedaría reducida a conocer las determinaciones que inducen sus actos, pero sin que haya potencialmente posibilidad de creatividad, de sintetizar variables que configuren una forma personal de respuesta que se ordena ejecutar a la voluntad.

2.2.6  En algunos análisis del pensamiento se ha vinculado la libertad a la facultad de escoger o decidir  entre una variable de estímulos. Esta perspectiva es confusa, ya que la realidad de la diversidad de estímulos y posibilidad de decidir sobre los mismos no justifica que no haya un estímulo más estimable que los demás en cada oportunidad, y que realmente no se siga una elección sino una respuesta conducida.

2.2.7  La marca de la libertad está en que el intelecto ante una sugerencia o idea, sea única o múltiple, proyecta una valoración propia sustentada en sus intuiciones o experiencias, que origina una decisión personal a obrar de esa determinada manera, bien sea adhiriéndose sin más a la sugerencia, eligiendo entre varias posibilidades, o inhibiéndose a obrar.

2.2.8   Hasta dónde y cuánto es lo que el intelecto se implica en cada juicio, o por el contrario se muestra pasivo y reflejo, es lo que determina el hábito intelectual de cada personalidad. Ser libre es un modo de ser propio de la persona humana; precisamente ese ser libre le constituye hábil para el mayor o menor desarrollo de sus facultades.

2.2.9  Podría pensarse que la libertad estuviera condicionada a la potencia de la mente, o sea al paradigma de ideas o síntesis capaz de formular cada persona, pero ello sólo es cierto en parte. Una mente abierta proporciona mucha mayor información para la toma de decisión de la inteligencia, pero el discernimiento para obrar de ésta no es necesariamente proporcional a aquella. La libertad estaría más ligada a la sabiduría que al conocimiento, si bien éste se presenta como una inagotable fuente de recursos para que la sabiduría se manifieste con todo su esplendor.

2.2.10  Del conocimiento intelectual que permite obrar con dominio voluntario del acto, se deriva la responsabilidad del efecto del acto sobre la naturaleza circundante. Los actos humanos o son espontáneos, y por tanto naturales, o son inteligentes y asumen consecuentemente el conocimiento que debiera de su impacto en la realidad próxima.

2.2.11  Los actos humanos voluntarios por ser creativos modifican la configuración del entorno. La influencia positiva o negativa de los actos en los demás entes distintos del sujeto es lo que se entiende por responsabilidad.

2.2.12  El ser humano por la responsabilidad del influjo de sus actos asume una ética, o sea, adecuación de sus actos al bien. La ética que está, en parte, innata en las intuiciones intelectivas se desarrolla y enriquece por la experiencia, y constituye la conciencia que juzga el bien que se deriva de los actos libres.

2.2.13  La ordenación de la experiencia no sólo se configura por la reflexión de la incidencia de las propias decisiones, sino que se construye por la asimilación del estudio de la trascendencia de los actos ajenos contemporáneos e históricos.

2.2.14  La responsabilidad atañe también a cada persona en el ámbito de fortalecer su experiencia, con la aplicación del sentido común y el estudio, para obrar con mayor conocimiento y libertad.

2.3  Su creatividad.

2.3.1  La creatividad del ser humano radica en la posibilidad de diseñar y ejecutar aplicaciones novedosas con los elementos existentes en la naturaleza.

2.3.2  Esta creatividad es consecuencia de su capacidad intelectual, que genera intuiciones de progreso a las que aplica su memoria y la habilidad de su mente para racionalizar un mayor rendimiento a su servicio de los bienes a los que tiene acceso.

2.3.3  El primer eslabón de la aplicación del  conocimiento creativo se supone es ejemplar, o sea, de la percepción de los procesos naturales de causa-efecto concluyó la posibilidad de obrar imitando los mismos para conseguir una aplicación mejorada.

2.3.4  La facultad de la memoria le permite retener el progreso en el efecto derivado de la concurrencia o aplicación de una causa, y mediante su lenguaje trasmitirlo a los congéneres y a la descendencia.

2.3.5  La creatividad humana, aunque es una facultad personal vinculada al intelecto, presenta una gran dependencia social porque prácticamente la totalidad del conocimiento mental se construye sobre ideas aprendidas que constituyen el patrimonio cultural de las generaciones precedentes.

2.3.6  La creatividad supone una aplicación intuitiva para reordenar un efecto natural y no el simple beneficio de la utilización del efecto de modo práctico. En esto se diferencia la creatividad y el progreso humano del de otras especies vivas, pues éstas se ajustan en su obrar para el mayor beneficio propio sólo según la experiencia del conocimiento sensible. El hombre, en cambio, no sólo aplica esa forma de utilidad, sino que idea intelectualmente su progreso y a continuación crea paulatinamente los recursos hasta conseguirlo.

2.3.7  Una gran memoria no justifica por sí sola el progreso creativo, pues por mucho que se compute infinidad de datos y se interrelacionen entre sí, sin un objetivo planificado no se construye la aplicación correspondiente.

2.3.8  Un escollo se presenta cuándo se pretende juzgar si el proceso evolutivo de la materia es creativo o no. Algunos consideran esa evolución como creativa, pero ello sólo puede ser admitido en cuanto que la intuición sobre el efecto futuro estuviera asumido en la causa.

2.3.9  Lo que distingue al acto creativo del hombre de la simple evolución de la materia es que su aplicación no sigue la línea de progresión esperada, sino que modifica y perturba el proceso natural constituyéndose en un sujeto activo del proceso y no un pasivo transmisor. Ello se muestra en la perturbación del proceso, realizando el hombre transformaciones prácticamente instantáneas en relación el tiempo que de la ley de evolución conocida pudiera esperarse.

2.3.10  Este influjo del efecto creativo del hombre sobre la naturaleza le reviste de una gran responsabilidad, en cuanto que el mismo en el orden general deberá construirse con miras a la compatibilidad de la conservación de una naturaleza, sin cuyo ámbito de relación la vida del hombre no es viable.

2.4  Su capacitación social.

2.4.1  Ser social es el que se desarrolla en grupo con sus semejantes. Los seres humanos y la práctica totalidad de los seres entes vivos crecen en colectividad. Se denomina al colectivo como social si existen relaciones voluntaria que perfeccionen a sus miembros.

2.4.2  El fundamento de la sociedad hay que encontrarlo en la misma naturaleza que establece la necesidad de relación entre los individuos de la misma especie para fines tan esenciales como la procreación y perpetuación de la especie.

2.4.3  El hombre, por tanto, es capaz para la vida en sociedad por exigencia de su naturaleza, y para ello está dotado de los órganos sensibles que le permiten conocer y relacionarse con los otros individuos de la especie.

2.4.4  La capacidad social del ser humano se muestra superior a la de otras especies porque por su constitución intelectual se agrupa para, mediante converger sus facultades creativas, construir un espacio de progreso en beneficio de todos los individuos del grupo.

2.4.5  Entre las manifestaciones más importantes de su creatividad social está la confección de un lenguaje de doble articulación que le permite con un número limitado de unidades combinarlas para obtener una ilimitada cantidad de unidades expresivas.

2.4.6  En la misma medida en que es libre, el hombre domina su adscripción social. Aunque su inclusión a un grupo le viene dada por nacer en el mismo, su propia dinámica le puede mover a cambiar de colectivo. De alguna manera cada hombre está llamado a construir el grupo social de acuerdo a sus ideales y en ello se encuentra el fundamento último de la democracia como conjunción de las voluntades de gobierno de los individuos de una colectividad organizada.