TRATADO DE FUNDAMENTOS DE FILOSOFÍA SOCIAL

TEMA 3: LAS RELACIONES HUMANAS.

3.1  Naturaleza de la relación.
3.1.1  Toda relación es un accidente de la sustancia que le permite intercambiar sus dominios de potestad con otras sustancias sin que se mezclen ni confundan las sustancias.

3.1.2  La persona como sustancia individual intelectual puede relacionarse con otras personas o con cualquier otro ser vivo o con las cosas sin perder su propia personalidad.

3.1.3  La propia limitación corporal del ser humano, que le imposibilita para realizar él solo lo que su creatividad intelectual le sugiere, es el fundamento de su relacionabilidad, ya que le impulsa a buscar el concurso o ayuda de otros seres para en grupo conseguir su propósito.

3.1.4  En el hombre la relación con los demás no se conforma a las de supervivencia de la especia, sino que esas relaciones responden a una conciencia intelectual de poder o dominio para controlar la realidad exterior.

3.1.5  La relación entre hombres, por tanto, es una relación intelectual en la que principalmente no se comparte la propia materia sino los valores que son objeto del espíritu.

3.2  Causa de las relaciones humanas.

3.2.1  La causa material última de las relaciones humanas hay que encontrarla en la misma naturaleza que establece un vínculo generativo por el que todo hombre nace y es auxiliado en su indefensión posnatal por otras personas.

3.2.2  La causa formal última de la relación se produce en la percepción que el hombre adquiere del auxilio recibido cuando alcanza el uso de razón.

3.2.3  La creatividad propia de la forma intelectual del ser humano le informa de la conveniencia de converger esfuerzos para alcanzar nuevos objetivos.

3.2.4  Los principales ámbitos donde el intelecto humano ha percibido como más conveniente la aplicación de la relación, según el legado de la historia, son:

3.2.4.1  Relaciones por el trabajo:

3.2.4.1.1  Trabajo es la aplicación consciente de la energía humana, manual o intelectual, para obtener un bien del entorno.

3.2.4.1.2  Desde la reducción que del trabajo hace la física como ciencia lo considera un acto necesario de todos los seres vivos para su supervivencia. Se podría afirmar que el propio metabolismo celular es un trabajo que consume energía por el ejercicio de una aplicación.

3.2.4.1.3  No obstante lo anterior expuesto, el término trabajo se aplica respecto al ser humano como el ejercicio consciente y libre para conseguir un bien, ya sea por necesidad de subsistencia o por la satisfacción que le produce su disfrute.

3.2.4.1.4  El hombre muy probablemente desde su origen conoció la efectividad del trabajo en común como recurso para lograr más fácilmente objetivos que se le antojaban convenientes y que actuando solo se le hacían imposibles o de extrema dificultad.

3.2.4.1.5  Las relaciones de trabajo supusieron la creación de una nueva institución de relaciones distinta a la de sangre o parentesco; se creó la corporación, que entraña para sus miembros derechos o obligaciones que se conciertan por la palabra y que con su uso se institucionalizan como costumbre.

3.2.4.2  Relaciones para la producción:

3.2.4.2.1  Producción es el conjunto de bienes obtenidos del medio exterior por la acción del trabajo.

3.2.4.2.2  La producción se convierte en un espacio de relación desde que el hombre considera adecuada la especialización en el trabajo, de modo que cada cual produce una clase de bienes que intercambia con los demás. Esta forma elemental de intercambio es la que da origen a las relaciones comerciales.

3.2.4.2.3  La especialización en el trabajo constituye el quicio del progreso y ello sólo es posible en sociedad. Al acto intelectual al que sigue la voluntariedad del hombre para especializarse e intercambiar los bienes de la producción se considera como el acto propio de su sociabilidad. Decimos que le hombre es sociable por naturaleza por su disposición para convenir con otros la especialización en las tareas de producción derivadas de su intelecto creativo y que colman su perspectiva de progreso.

3.2.4.2.4 La aparición de las relaciones comerciales entre los hombres origina una de las cuantificaciones más dificultosas de la historia de la economía y es tasar la equivalencia entre las cantidades de permuta de los respectivos bienes de modo que que la relación de intercambio sea justa para las partes.

3.2.4.2.5  Las relaciones comerciales que superan los límites de los grupos naturales fueron  en gran medida origen del derecho que estableciera la protección de las partes no en virtud de la fuerza sino de la razón.

3.2.4.3  Relaciones para la defensa:

3.2.4.3.1  El instinto de conservación propio de los seres vivos motivó que los hombres amigos se agruparan para su autodefensa ante los percances que pudieran poner en riesgo sus vidas. Esta defensa, que originariamente tendría como principal objetivo combatir a los animales que atacaran al hombre como presa, se constituiría como defensa de intereses comunes ante la rivalidad de los grupos humanos.

3.2.4.3.2  Cuando el hombre comienza con su actividad creadora a dominar la naturaleza, primero con la ganadería y posteriormente con la agricultura, constituye un cierto patrimonio familiar o social sobre una porción de territorio. Los productos derivados de ese trabajo sirven en un primer estado para el sustento del grupo y más tarde para el intercambio con otros grupos. Esos bienes producidos se constituyen automáticamente en bienes que puede ser deseados también por los grupos ajenos, que pueden pretender apropiárselos mediante la fuerza, según el modo ejemplar con que han aprendido a dominar a las otras especies animales. Esto origina la lucha entre humanos y la necesidad de agruparse para la defensa.

3.2.4.3.3  Otra causa de opresión entre seres humanos se establece cuando unos consideran poder disponer de los otros como esclavos a su servicio para ejecutar sus planes de progreso.

3.2.4.3.4  El peligro que se cierne de las guerras origina que los pueblos organicen sus defensas sobre la base de las alianzas, lo que origina unas relaciones que originariamente estructuradas para la defensa, también se fraguan para el ataque.

3.2.4.3.5  La defensa origina relaciones de mayor magnitud que el comercio porque siendo la capacidad de defensa personal muy desproporcionada a los peligros se agrupa en comunidades que garanticen su defensa, quienes constituyen alianzas con otras comunidades de modo proporcional al grado de peligro que acecha.

3.2.4.4  Relaciones por la religión:

3.2.4.4.1  Se ha atribuido a la religión una de las causas mayores de relación dentro de los grupos humanos, pues de cada pueblo histórico han quedado vestigios de la práctica colectiva de cultos religiosos. Esa trascendencia de las relaciones derivadas de la creencia religiosa se sostiene en la inquietud ante el destino que motiva al hombre a depositar su confianza en quien le ofrece una perspectiva de realización trasmundana.

3.2.4.4.2  Se podría alegar que la religión constituiría una vertiente más de las relaciones culturales de un determinado grupo social, pero la diferencia se encuentra en que mientras la cultura es el efecto de las relaciones dentro del grupo, la religión muchas veces se ha constituido en la amalgama social y no en pocos casos en ideología de conquista y anexión de otros pueblos.

3.2.4.4.3  Esta relación habría que asimilarla con más acierto a una sociología religiosa que a la religión, pues el legado histórico nos remite más a la superstición de los ritos  que a la relación personal con las realidades espirituales trascendentes.

3.2.4.4.4  La importancia de la sociología religiosa en la configuración de las relaciones humanas es tal que muchos pueblos han definido su idiosincrasia en torno a la forma de concebir la religión. Una de las características comunes del influjo de las relaciones religiosas dentro de la sociedad es la constitución de jerarquías, que muchas veces traspasan el ámbito de lo espiritual para constituirse en verdaderas jerarquías políticas.

3.3 Las relaciones sociales.

3.3.1  Se considera que las relaciones entre personas adquieren categoría social cuando las mismas afectan a una pluralidad de individuos y son establecidas por alguna norma de consenso racional de donde surge el compromiso para las partes.

3.3.2  Las relaciones sociales son distintas en sí de las relaciones primarias naturales que se imponen al hombre por una vinculación afectiva. La relación social es creada y exige un marco de voluntariedad para constituirse. Una vez establecida la sociedad las nuevas generaciones nacen y crecen en el ámbito social, lo que podría engañar sobre su naturaleza. La asimilación de un muevo ser a la sociedad supone su implicación implícita a la vigencia del orden constituido.

3.3.3  Se dice que las relaciones de grupo son sociales sólo y en cuanto son racionales porque se siguen del ejercicio intelectual para ordenar los actos de un conjunto de personas para conseguir en el bien colectivo un mayor bien individual.

3.3.4  Las relaciones sociales buscan como objeto próximo el bien común, que es el mayor bien que se proyecta sobre cada individuo sosteniendo un equilibrio que no menoscabe el bien igualmente debido a los demás miembros de la colectividad. Los beneficios del bien común se caracterizan porque no se pueden alcanzar singularmente al margen de la sociedad; por eso la sociedad se constituye en una estructura necesaria para el bienestar del hombre.

3.3.5  El fin u objeto último de las relaciones sociales son siempre la individualidad de las personas porque es la unidad moral sensible al bien. Entender el bien común como el beneficio aplicado a un ente abstracto colectivo suprapersonal roza el absurdo de una aplicación sin entidad real que pueda soportarla. Solo la sustancia es sujeto moral capaz de que en ella inhiera la cualidad del bien.

3.3.6  A pesar de que la sociedad es una necesidad para el bienestar y desarrollo íntegro de la persona, puede constituirse como una tiránica servidumbre cuando no se distribuye con justicia el bien común, alcanzando su límite en las situaciones de explotación y esclavitud en las que se arrebata el bien social a personas o colectivos.

3.3.7  Las relaciones sociales, al ser elaboradas según la voluntad del grupo que las integra, presentan distintas formas y determinaciones en el amplio espectro de la humanidad, aunque por el influjo mutuo, al entrar en contacto las distintas sociedades, tienden a neutralizarse las diferencias por la asimilación común en las estructuras que experimentalmente producen más bienestar.

3.3.8  Existe un denominador que suele encontrarse en casi todas las formas de sociedad proveniente de la esencia propia del ser humano. Esta naturaleza común es la que ha permitido el entendimiento entre las distintas culturas y la integración de los individuos singulares en otras formas de civilización.

3.3.9  En las relaciones sociales, por ser creadas, todos sus vínculos son racionales, tienen un por qué, y el conocimiento del mismo es el que justifica que pueda ser permanentemente debatido por la misma sociedad o por grupos afines.

3.3.10  Toda sociedad humana tiene un cuerpo doctrinal que recoge los acuerdos constitutivos de sus miembros. Esta Constitución puede ser mantenida en las costumbres o explícitamente redactada al menos en sus principios fundamentales.

3.3.11  Cualquier sociedad, como grupo de seres racionales, tiene la capacidad de reordenar a sus juicio los vínculos anteriormente establecidos. La sociedad es una entidad viva y en continua evolución, tanto porque sus integrantes perfeccionan su pensamiento como por la sucesiva renovación generacional.

3.4 Formas de relación.

3.4.1  Dado que la sociedad está formada por el entramado de relaciones entre un grupo de personas, las posibles creadas por ellas presentan un paradigma de posibilidades tan grande como la iniciativa de las personas las sugiere. Se podrían  clasificar las relaciones de acuerdo a una tipología de aplicación por sus objetivos explícitos, pero cabe también una clasificación según las intenciones subjetivas implícitas de sus actores. Esta última forma es la que justifica concebir una moral en las relaciones humanas de acuerdo a la distribución intrínseca entre las partes del fin por el que se establece la relación.

3.4.2  Entre las formas de relación según el objeto final podrían citarse: relaciones domésticas, económicas, laborales, educativas, culturales, sanitarias, de ocio, etc. Todas conservan la particularidad de promocionar bienestar para los miembros de la colectividad que sustentan la relación.

3.4.3  Por la forma intrínseca en que se distribuye el fin y la intención subjetiva de las partes, podrían considerarse tres formas de relaciones sociales:

3.4.3.1  Relaciones de servicio.

3.4.3.1.1  Son relaciones de servicio las que establecen las personas libremente con otros sujetos conscientes de realizar un intercambio mutuo de prestaciones o servicios.

3.4.3.1.2  Las relaciones de servicio basan su filosofía en el intercambio de ayudas. Se pone el propio trabajo para proveer un bien a otras personas por un acuerdo de multireciprocidad.

3.4.3.1.3  El servicio no supone una sumisión o dependencia, sino una cooperación entre varias partes. Es el fundamento de toda la sociedad donde la integración del grupo se proyecta para incrementar el propio bien por el ordenado intercambio de tareas o servicios.

3.4.3.1.4  La idea de servicio ha sostenido una connotación peyorativa dentro de la sociedad por influjo de las estructuras de poder que condicionaban el servicio a la servidumbre. De ahí la  acepción de siervos frente a amos o señores. Pero, en sí, el contenido semántico de servicio se ajusta a la acción de ayudar a otra persona en una necesidad.

3.4.3.1.5  En el conjunto de la sociedad las necesidades aparecen como perspectiva de supervivencia y progreso, por tanto la mutua ayuda para afrontar colectivamente esos retos exige un intercambio de servicios según las facultades y habilidades de cada individuo.

3.4.3.1.6  El servicio se deriva de la especialización. Cuando una persona adquiere la habilidad para un trabajo es capaz de incrementar la producción respecto al no experto, lo que le permite poner bienes a servicio de los demás con menor esfuerzo de  lo que a éstos les supondría, lo que origina la rentabilidad del intercambio de servicios.

3.4.3.1.7  En las sociedades más simples la permuta entre servicios se realiza por el trueque. El ajuste entre los mismos se institucionaliza por costumbre de modo que se consiga una repartición tanto de los trabajos como de la atención a las necesidades.

3.4.3.1.8  Cuando las sociedades crecen de dimensión, aparecen instrumentos de cambio, entre los cuales el más definitorio es la moneda, cuyo objetivo es facilitar el intercambio de los servicios utilizándola como prenda del valor del servicio concertado.

3.4.3.1.9  La valoración de los servicios individualmente para permutarlos en el mercado ha conducido a perder su propia perspectiva de relación interpersonal. La materialización de la moneda con que se adquiere el servicio puede inducir a olvidar la disposición y el esfuerzo personal para crear y compartir ese bien con la colectividad. Salvo los bienes que cada cual puede tomar directamente de la naturaleza, todos los demás son el resultado del esfuerzo humano que se aportan como un servicio a la sociedad.

3.4.3.1.10  La terminología de servicio en algunos contextos se asimila a prestación altruista, pero el servicio lo es tal haya o no contraprestación económica. En las relaciones sociales los servicios son objeto de intercambio, pues de otra manera no existiría posibilidad de supervivencia y bienestar. Lo trascendental es que las relaciones de servicio se ajusten como relaciones de justicia.

3.4.3.1.11  Disponer en la sociedad de servicios sin contraprestación permite reajustar los desequilibrios existentes, aunque exige que quien presta el servicio tenga asegurados los medios vitales del mínimo bienestar. La solidaridad como valor guía la prestación de servicios con el objetivo de lograr una igualdad de oportunidades al desarrollo que permita el acceso a un libre intercambio de servicios en un marco de justicia.

3.4.3.1.12  Las relaciones de servicio en la sociedad no siempre exigen la contraprestación directa entre los miembros, sino que también la constituyen relaciones genéricas cuyo equilibrio se produce en el decurso del ciclo social. Se puede citar por ejemplo: la crianza de los hijos, la educación, la atención a discapacitados, los acuerdos de cooperación, etc.

3.4.3.2 Relaciones de justicia.

3.4.3.2.1  Las relaciones de justicia son aquellas en que las partes buscan honradamente que de la relación se desprenda una equidad entre los bienes y esfuerzos que comprometen cada uno de los miembros que participa en la relación.

3.4.3.2.2  Las relaciones de justicia exigen una conciencia ética de los sujetos que las conciertan, de modo que su determinación sea obrar bien, lo que se realiza si el fin de la relación es el bien común y no el bien propio o individual.

3.4.3.2.3  La justicia, como forma de dar a cada cual según su derecho, exige que el beneficio común se distribuya o proyecte proporcionalmente al esfuerzo comprometido por cada sujeto. La dificultad surge en cómo se evalúan las distintas participaciones o materias de intercambio de la relación para poder tasar la equidad en el juicio de participación, reparto o permuta.

3.4.3.2.4  No obstante la dificultad de evaluar las permutas, donde cabe la apreciación subjetiva, las relaciones de justicia exigen siempre la intención de conciencia de buscar la equidad entre lo que se ofrece y se recibe, como la consideración más próxima de respeto al derecho universal.

3.4.3.2.5  La falta de objetividad que el interés propio puede propiciar al evaluar las condiciones de una relación para que se establezca bajo una forma de justicia es lo que ha hecho que el derecho se objetiva mediante la ley y se constituyan jueces para su aplicación.

3.4.3.2.6  La objetivación de la ley no garantiza la justicia, porque la misma ley puede consagrar marcos de relaciones que son injustas. La persona ética, por tanto, debe buscar la justicia en sus relaciones como una determinación de recta conciencia por encima del amparo que la ley le procure.

3.4.3.2.7  Las relaciones de justicia constituyen la forma  más orgánica de las relaciones sociales y las que sostienen la justificación de la adscripción libre de los ciudadanos a la comunidad. Las relaciones de justicia ofrecen al partícipe un acomodo en la sociedad porque garantizan, según la teoría de su naturaleza, la efectiva realización del objeto por el que el individuo se junta en sociedad.

3.4.3.2.8  Se podría afirmar que una colectividad se ha trasformado en genuina sociedad de acuerdo al grado de realización de los contenidos de verdad en la aplicación de la justicia a sus relaciones internas.

3.4.3.2.9  Las relaciones de justicia deben abarcar todos los ámbitos de relación inlcuidas las que se establecen entre núcleos de agrupación. Los distintos conjuntos que entran en relación crean automáticamente un nuevo marco que exige revisar las propias de cada conjunto al juicio de las determinaciones que puedan producirse de la nueva situación.

3.4.3.3 Relaciones de dominio.

3.4.3.3.1  Se establecen relaciones de dominio entre una o varias personas cuando una parte impone las condiciones y la aplicación de los beneficios de la relación mediante el poder de la coacción o la fuerza.

3.4.3.3.2  En el seno de la sociedad se producen frecuentemente relaciones de dominio a causa del desigual estado de fuerza de los individuos y grupos que la integran.

3.4.3.3.3  La relación de dominio produce una desigualdad entre el servicio que se presta y el que se recibe. Una de las partes es la víctima explotada y en lo otra se sitúa el dominador que obtiene bienes de modo desproporcionado al esfuerzo que presta.

3.4.3.3.4  El dominio puede ejercerse por la reducción física, como es el caso de la esclavitud, o por la coacción sobre la libertad de ejercicio, como es la explotación. En ambos casos se violenta la justicia. Proporcionalmente a cómo se atente a la integridad física y moral así será la gravedad de la injusticia.

3.4.3.3.5  Son relaciones de dominio todas aquellas que no respeten los derechos fundamentales de las personas. Cualquier relación social exige como primera condición el respeto a la dignidad de la persona. La libre contratación de una relación social no puede nunca justificar un abuso sobre la otra persona, en especial en los casos en que éstas se encontrasen padeciendo estado de necesidad y por ello se convirtieran en sujetos fácilmente manipulables.

3.4.3.3.6  Las relaciones de dominio frecuentemente se producen en el seno del estado, produciendo la quiebra de la convivencia. Los grupos de poder pueden imponer su dominio bien organizándose al margen de la ley o bien tergiversando la esencia del derecho dictando leyes injustas que legalizan el abuso de poder.

3.4.3.3.7  En el seno de las familias y las tribus se producen con frecuencia relaciones de dominio por imposición de la fuerza física o por la costumbre en los roles de reparto de poder.

3.4.3.3.8  Uno de los efectos de las relaciones de dominio es la implícita aceptación por las partes como situación de hecho, y por tanto esa dominación tiende a perpetuarse como costumbre.

3.4.3.3.9  En el concurso internacional es donde más netamente se aprecian las relaciones de dominio por la neta entidad de la potencia de los estados. Cuando una relación de dominio se perpetúa, permanece latente en la sociedad oprimida el anhelo de liberación, lo que frecuentemente desemboca en una revolución, que en la medida que se manifiesta violenta se sigue de otras nuevas relaciones de dominio.

3.5 Jerarquía y autoridad.

3.5.1 Por el modo natural de generarse el ser humano, la sociedad se sostiene en el tiempo mediante una secuencia lineal que configuran las sucesivas generaciones. Por eso, la misma refleja la tipología propia de relación que se da en el grupo familiar en razón del grado de dependencia y protección en la que crecen los descendientes.

3.5.2  La familia configura una jerarquía natural entre padres e hijos, al menos hasta la edad de la autosuficiencia de los descendientes, porque los primeros tienen adquirida la capacidad racional con que gobiernan su entorno, lo que constituye el principal objeto de formación de los hijos y establece una jerarquía de saber que incide sobre toda la vida de relación interna del grupo.

3.5.3  La contundencia del saber que acrisola la experiencia es lo que ha configurado desde los remotos tiempo de la sociedad el que los mayores ejerzan la jerarquía de decisión de modo reflejo a como lo ejercen en los periodos de enseñanza de los pequeños, habiéndose consolidado una dependencia jerárquica ejemplar hacia los padres más allá del periodo vital de dependencia.

3.5.4  La jerarquía entre padres e hijos ha configurado la idea moral de autoridad, por la que se establece el derecho a ordenar los medios para la manutención y la enseñanza en función del criterio de razón de los padres.
De alguna forma se establece que la autoridad no sólo responde a la jerarquía de procedencia generacional sino
también a la eficaz aplicación de los medios para el ejercicio de esa responsabilidad. El padre y la madre adquieren un rol especial que trasladan al grupo social en el que conviven y que la sociedad a lo largo de los siglos ha interpretado de modo muy variado.

3.5.5  La idea de jerarquía en la sociedad más elemental, por tanto, ha adquirido un carácter de naturaleza que se traslada a las relaciones sociales constituidas por acuerdo. La imagen de orden, fundamentada en la existencia de  una autoridad con responsabilidad, se apoya en la necesidad de aplicación de la razón para  el logro de los objetivos pactados, de modo que en el mismo pacto se establecen los modos en que se realizará la jerarquización de la dirección de los mismos.

3.5.6  La distinción esencial sobre jerarquía en la sociedad está en que la misma sólo es de naturaleza respecto a las relaciones de dependencia vital, mientras que cualquier otra jerarquía que se establezca entre las personas de acuerdo a la conveniencia tiene su razón de ser en la voluntad libre de los hombres por establecerla, y por tanto la autoridad de la misma está en función de la porción de soberanía individual que la confieran los intervinientes en la constitución del colectivo social. La autoridad no sigue a la jerarquía natural que pudiera considerarse, sino que  misma se sostiene en la voluntad de quienes establecen esa ordenación en el grupo social, por lo que la autoridad desaparece si se reconsidera el sistema de jerarquía. Mientras que en las sociedades elementales de relación natural la autoridad deriva de una posición jerárquica de naturaleza; en los colectivos sociales constituidos según el ejercicio de la libertad de sus individuos la autoridad es delegada y la jerarquía constituida ex profeso para la administración de esa responsabilidad.

3.5.7  La autoridad en una comunidad se delega en función de un depósito de confianza y por tanto la misma sólo se justifica cuando esa confianza se mantiene. La autoridad sintetiza una posición moral constituida por la capacidad de liderazgo para el buen ejercicio del objetivo social y una ética de responsabilidad para cumplir rectamente los compromisos acordados. La autoridad reviste así una doble perspectiva: por una parte, la legitimación delegada para cumplir un proyecto aplicando éticamente todos los medios precisos; y por otra, la ejemplaridad moral que se requiere para ser depositario de la confianza del grupo social.

3.5.8  Tanto si la aplicación al beneficio de los representados es deficiente, como si surge una merma de confianza por quedar cuestionado el comportamiento moral, el contenido de la autoridad se resquebraja porque la relación inplícita de representatividad que se delega para la gestión de los objetivos sólo se justifica en la medida que los mismos se alcanzan y que los medios empleados se identifiquen como lícitos por los sujetos sociales intervinientes.

3.5.9  La autoridad por tanto se configura como un valor que distingue a determinadas personas por su especial capacidad para liderar un proyecto. Como valor individual depende de las cualidades de la personalidad de cada sujeto. Como valor social se constituye por el acuerdo de conformidad mayoritario de un colectivo, y se sostiene  sólo por el permanenetemente refrendo del colectivo. La autoridad social a nadie le pertenece por naturaleza, aunque existen personas que por su capacidad natural son más actas para recibir esa encomienda. Lo que en todo caso debe prevalecer es que la autoridad no se ejerce por disposiciones naturales sino por el deliberado consentimiento del grupo.

3.5.10  Se dice que la autoridad se detenta, ejerciéndose contra derecho, cuando se impone por el poder de cualquier forma de coación o fuerza, o cuando aun habiéndo sido legitimada por la mayoría del grupo social vulnerase derechos humanos fundamentales, aunque fueran los de cualquier minoría. En ese caso habría mutado  la autoridad su valor ético a la degradación del autoritarismo.

3.6 La solidaridad.

3.6.1 La solidaridad es un valor y una virtud de la persona humana que potencia la actitud de compartir con sus semejantes la suerte de su bienestar.

3.6.2  Es un valor de la persona porque desarrolla la operatividad del sujeto en orden a una relación social con finalidad de bien. En cuanto impulsa los sentimientos para obrar favoreciendo a otro ser se revaloriza la ética personal. Hay que recordar que un valor es algo que enriquece a algo; lo que enriquece intrínsecamente a una persona es el bien que se deriva del ejercicio intelectual de la voluntad.

3.6.3  Es una virtud porque la solidaridad se consolida como un hábito en la voluntad proporcionalmente al ejercicio de actos solidarios que una persona realiza. La perfección o  remuneración de los afectos internos del sentimiento humano se siguen del ejercicio real de los actos, más que de las intenciones. La voluntad hacia el bien sólo  se satisface con el bien efectivo. La solidaridad como sentimiento se asienta en la personalidad como un hábito según la propia experiencia de satisfacción que sigue al servicio del bien. Este hábito favorece la sensibilidad para conocer las necesidades ajenas sobre las cuales actuar.

3.6.4  La solidaridad no se evalúa por el monto del bien aplicado sino en función de la relación de servicio que se hace efectiva. El valor de bien para cada individuo es subjetivo y depende del esfuerzo que se aplica para producirlo. La solidaridad, por tanto, representa el esfuerzo del empeño personal por servir con lo propio a una persona o colectivo ajeno.

3.6.5  La solidaridad ejercida desde una situación de hecho representa para muchos sectores una reparación de las relaciones de justicia anteriormente conculcadas. Esto se percibe desde la conciencia social y representa un deber histórico pocas veces asumido.

3.6.6  Uno de los efectos de la solidaridad es restaurar el equilibrio entre las relaciones desde el compromiso personal de una de las partes, generalmente la que goza de mayor grado de bienestar.

3.6.7  La solidaridad no se reduce a la prestación de bienes materiales, sino de de otros muchos tipos de servicios que prestan un bien a otra persona. La atención a la estabilidad emocional, a la educación, a la cultura, a la alegría, el descanso, a la seguridad, etc. son muchos aspectos donde pueden ejercitarse relaciones de solidaridad. Desde este aspecto, las personas espiritualmente más ricas son quienes tienen mayor opción del ejercicio solidario.

3.6.8  La solidaridad exige la renuncia a las relaciones de dominio. El fundamento de la solidaridad está en la conciencia de derecho por igual de todas las personas, lo que excluye automáticamente la justificación para el ejercicio del dominio sobre otros. La solidaridad en sí sólo busca el ejercicio del bien a otro, aunque consecuentemente derive sensación interna de felicidad, lo que es incompatible con la insatisfacción moral por el deber conculcado que conlleva toda injusticia.

3.6.9  La solidaridad implica el compromiso social  para que las leyes se construyan de acuerdo a relaciones de justicia y favorezcan el ejercicio de las relaciones de servicio. La solidaridad como hábito puede ser potenciado por la misma sociedad en función de los valores que promociona.

3.6.10  Cuando la solidaridad se ejerce desde la exigencia de una conciencia moral que sigue el dictado de una norma superior se suele denominar caridad. La distinción entre ambas virtudes es más un concepto cultural que práctico, pues siempre la decisión se sigue de un acto intelectual libre cuya única distinción puede estar en que en los actos de caridad, además del bien efectivo al prójimo como persona, se actúa aguardando una recompensa extranatural.